Las sirenas aparecen en las más remotas leyendas de algunas de las culturas más antiguas. Los filisteos y los babilonios de la Biblia adoraban a dioses con cola de pez.

También aparecen sirenas en las monedas fenicias y corintias. Se dice que Alejandro Magno tuvo aventuras amorosas con bellísimas sirenas, cuando exploraba el fondo de los mares en un globo de cristal. El escritor latino Plinio cuenta que un capitán de César Augusto vio en una playa de las Galias muchas sirenas arrojadas por el mar, muertas sobre la arena.

Los relatos sobre sirenas, de tradición popular, son con frecuencia patéticos. Las infelices sirenas viven solitarias y en determinadas noches adoptan figura humana para acudir a los festejos del pueblo. A veces un desaprensivo logra apoderarse de su tocado o ceñidor encantados con funestas consecuencias.

Sus matrimonios con hombres pocas veces resultan felices. No obstante, en Inglaterra algunas gentes de la costa, especialmente del noroeste de Escocia y de Cornualles, se gloriaban de tener sirenas entre sus antepasados.

Cuidado con las sirenas ...